Chamanismo y psicoterapia (1ª parte)

 

¿Existe alguna relación entre el Chamanismo ancestral y las modernas psicoterapias? Pues no entre todos ellos ni todas ellas. Pero sí en algunos casos y de diversas maneras.

Las psicoterapias que remiten al autoconocimiento y optimización de la relación entre nuestro ilimitado mundo interno -en profundidad- y el mundo externo en el que vivimos sí tienen mucho que ver con los antiguos chamanismos. De hecho, con la actitud adecuada se pueden considerar chamanismos modernos. Así lo escuché por primera vez en los inicios de los años 90 a Claudio Naranjo, que considera a la Gestalt en concreto una especie de chamanismo actual. Aunque no todos los gestaltistas son ni se sienten chamanes, por supuesto, ya que este enfoque sobre la Conciencia y la enfermedad/salud y forma de vida -más allá de aquello- tiene una característica coherente con sus principios y desarrollo: que cada terapeuta ha de encontrar su propio estilo de hacer y ser Gestalt, necesariamente afín a su propia naturaleza y características. Es decir, que cada profesional ha de poder llegar a trabajar de acuerdo y en armonía con su propio Ser interno, integrando las gracias y desgracias del propio ego a favor de sí mism@ y del otr@… no desde lo aprendido de otr@s. Es condición sine qua non no podríamos echar una mano a quienes acompañamos para que lleguen a ser la mejor versión de sí mism@s. Hasta donde deseen de nuestra mano. Creciendo en autoapoyo para soltarla al fin.

                                                                             – Celebración del Solsticio de verano 2016 –

Los chamanes tenían, sobre todo, un doble papel en sus comunidades: de sacerdotes/isas y sanadores de sus gentes. Personas capaces de caminar entre mundos, el visible y los invisibles, uniendo corazón, inteligencia y mundos sutiles. Son seres con experiencias en algunos sentidos extremas y un tanto fuera de lo común. aunque no por tener experiencias extremas un@ “se convierte” en chamán o chamana. Se es o no se es chamán… y se desarrolla o no esa esencia en la vida de la persona. De hecho, en las culturas indígenas, a muchas de las personas que en las nuestras -llamadas civilizadas- reciben diagnósticos psiquiátricos se les considera seres con capacidades chamánicas bloqueadas. Conozco en directo el caso de un hombre que ante el sistema era un enfermo mental y que al contactar con una tribu amazónica y compartir tiempos con ellos, pudo atravesar todos los sinsentidos de sus heridas psicoemocionales y sanar, pudiendo así devenir en el gran chamán que es (no logro recordar su nombre… sé que a él no le molestará, pues carece prácticamente de importancia personal, lo cual le honra profundamente).

Hay cuatro sendas fundamentales en el hacer de los chamanes, según los estudios de la antropóloga y escritora Angeles Arrien, cada una con sus aspectos específicos, que se abordan en los procesos de las terapias humanistas, como es en la Gestalt:

la senda del sanador: el que presta atención a lo que tiene corazón y significado.

la senda del guerrero: el que es capaz de mostrarse y elige estar presente.

la senda del vidente: el capaz de decir la verdad sin culpa ni juicios.

la senda del maestro: el que permanece abierto al resultado y no atado a él.

En próximas entradas me ocuparé de profundizar un poco en cada una de ellas por separado y, posteriormente, de hacer una fusión.

Continuando… Los chamanes son seres human@s que se han visto obligados o empujados en sus vidas, por lo que fuera, a atravesar procesos intensos de vida-muerte-vida de los que, cuando logran retornar, se traen aprendizajes significativos respecto al conocimiento profundo de sí mism@s, de la realidad, del manejo de las energías sutiles de los mundos invisibles. Para ell@s y para los demás, pues un chamán no tiene sentido sin la vocación de servicio al prójimo. Con sus necesarios límites.

En nuestra cultura cristiana o en las orientales lo más parecido son l@s grandes místic@s. Tras atravesar lo que llamamos la Noche oscura del alma, retornan enriquecid@s por esas vivencias de muerte psíquica (el ego se rinde y emerge la Esencia que aquel ocultaba).  Por ejemplo, S. Juan de la Cruz, Sta Teresa de Jesús o Rumi. En otros contextos, los pueblos indígenas nunca se desconectaron de la Naturaleza ni de este saber, a la vez sagrado y mundano. Lo único constante es el cambio y todo lo que existe, visible e invisible, es interdependiente. Lo veamos o no. La ciencia moderna, desde la aparición de la Física cuántica, ha llegado a estos mismos principios y sabiduría, tras haberse alejado largo tiempo de ellos. Pero, desafortunadamente, aún no ha calado en el mundo científico en general… tanto que cuesta romper las tendencias sostenidas por el sistema. Pongo p. ej. la Medicina halopática moderna que todavía se enseña y practica basada en las leyes de la Física newtoniana y la Química clásica, cuando el alcance y repercusiones en la forma de abordar la salud y la enfermedad son muy limitados respecto a los de otros sistemas de medicina más profundos y amplios (en el sentido de que abarcan mucho más allá de los procesos puramente físiológicos): MTC (medicina tradicional china), las medicinas de los pueblos aborígenes o indígenas, la Homeopatía, la nueva Medicina Germánica del Dr Hamer,…

En mi caso personal, tardé mucho tiempo en aceptar eso que me decían desde afuera muchos años antes de poder verlo, sentirlo y aceptarlo yo… “tú eres una chamana”. No hace mucho de ello en verdad, unos pocos años. No me podía entrar algo que yo consideraba muy valioso como relacionado conmigo, ya que mis propias dificultades en autoreconocerme y autovalorarme desde lo profundo no me permitían contactar con eso que se fue haciendo obvio para algun@s. No me daba la autoestima para ello (muy importante aquí diferenciarla del orgullo o la vanidad de ser esto, lo otro o lo de más allá…). Se imbricaba y alimentaba esa falta de un largo proceso de atravesar sombras y desiertos internos agotadores, como he contado en otras publicaciones en esta web. Y poco a poco se fue despejando el camino, por persistencia en la caminarlo a pesar de todo y con todo, por cabezonería y por fidelidad a un mandato interno de seguir y seguir y seguir.

Y fue a través de las celebraciones rituales de Solsticios, Equinocios y Día Fuera del Tiempo Maya y de los masajes -de los que muchos decían, “eso que haces no es un simple masaje, tienes que buscarle otro nombre”- que empezó a calar eso de “soy una chamana”, sin gravedad, sin grandilocuencia, sin falsa humildad. También en ese recomendar “remedios” varios a mis pacientes, ese tipo de cosas externas que ayudan a aumentar el bienestar de la gente dentro de su propia piel.

Ser de familia de herboristas y haber pasado por tantos estados de desequilibrio de mi cuerpo, emociones y mente que requirieron la incorporación de cremas, homeopatías, dietas de desintoxicación, trabajos con el cuerpo, etc, me nutrió de conocimientos prácticos (no soy dietista ni naturópata pero he aprendido mucho de todo ello) que sirven a otros, por supuesto. En los masajes, que ahora llamo chamánicos sencillamente porque lo son, me descubría haciendo cosas que no había aprendido de nadie y que surgían de mis manos, voz y energía, como por arte de magia, en el contacto con el cuerpo del otr@. Poco a poco fueron llegando el cuenco tibetano, las maracas,… y la construcción de Volpa, mi querido tambor lakota… Y el dar rienda suelta a los sonidos y soplidos que surgen de mi boca en el momento preciso. Nunca decide mi mente cuando estoy “en faena” sino algo más allá de ella, muy enraizado en mi intuición y la sabiduría que ya traía a esta vida, que sencillamente sólo necesité desempolvar. Se estaba acabando de conformar una chamana que tiene mucho que aprender todavía, a dios gracias, pero chamana al fin y al cabo. Y antes que eso, ser humana. Y antes que eso, Espíritu indomable, el que incluso cuando yo lo creía todo perdido, nunca me abandonó. Ni por un instante.

Honro mi naturaleza, la reconozco y bendigo. Doy por bienvenido y partido a todo lo vivido, agradezco lo aprendido y sigo mi camino, ya siempre fiel al paso en que ando. Honro mi camino y honro el tuyo, que me lees ahora.

Infinitas gracias por Ser!!

INLACK’ESH!!  (Yo soy otro tú, saludo maya)

Blanes, Enero 2018 y revisado en la madrugada del domingo 20 mayo 2018

  • Nota importante: Para hacer estas entradas he extraído mucha información significativa sobre las sendas del chamanismo del libro “Las cuatro sendas del chamán: el guerrero, el sanador, el vidente, el maestro” de ANGELES ARRIEN, Ed. Gaia. A la que he añadido todo lo que me parecía adecuado al tema que me ocupa en estos textos.

  Enero 2018

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